Fondo Esperanza, una apuesta por el desarrollo social (*)

Diciembre suele ser un mes oportuno para evaluar los logros y desafíos pendientes que arroja un año. En materia social, los resultados de la encuesta Casen entregaron luces sobre los temas en los que Chile está todavía al debe. Junto con la necesidad urgente de perfeccionar este instrumento, sus resultados permitieron constatar dos hechos relevantes: que la brecha de ingresos entre los sectores de mayores y menores ingresos sigue muy alta, y que la reducción de la pobreza se ha estancado durante los últimos cinco años.

Estas dos constataciones permiten presumir la necesidad de innovar en materia de políticas sociales en vista de la poca efectividad de las existentes en la reducción de la pobreza y en la disminución de la desigualdad.

 

Pero ¿qué más hacer? Al menos una cosa es clara: una política de disminución de la pobreza basada recurrentemente en la transferencia de recursos económicos no activa las potencialidades que disponen las personas, las familias y las comunidades para salir por sí mismos de la pobreza. Si se pretende un desarrollo integral de los sectores más vulnerables, junto con el desarrollo económico basado en el fortalecimiento de sus fuentes laborales, es indispensable fomentar el desarrollo de su capital humano y del capital social de esas comunidades, esto último entendido como esas redes de apoyo que las mismas comunidades generan para protegerse ante las continuas dificultades.

La transferencia de recursos directos, si bien mitiga la necesidad de ingresos inmediatos, no hace otra cosa que perpetuar la dependencia hacia el Estado ante la ausencia de planes sólidos que estimulen el empoderamiento de las personas y sus comunidades.

 

En este sentido la apuesta de Fondo Esperanza es clara. Con más de 63.000 emprendedores actualmente apoyados a través de sus programas de microcréditos, capacitación y redes de apoyo, Fondo Esperanza está siendo una alternativa concreta de desarrollo para las comunidades más vulnerables de nuestro país. El crecimiento sostenido, los resultados de impacto en la mejora de las condiciones de vida y por sobre todo, la convicción de que es posible cambiar el paisaje de la pobreza en Chile, han sido el sello de esta gestión 2012.

 

(*) Juan Cristóbal Romero es Gerente General de la Fundación Esperanza

 

 

 

 

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