Ronald Wood ,cuando el pasado existe.

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En memoria de Ronal Wood, a propósito de cumplirse  un año más de su muerte.

Crónica publicada por  www.Radioeme.cl  en mayo de 2005

 

En esos peligrosos y esperanzadores años de la década de los ochenta conocí a Ronald Wood.

 

Alegre, desordenado, fachoso, inteligente, lo vi deambular por los patios del Liceo Maipú. Su ascendencia extranjera se demostraba en su facha, se diferenciaba de los típicos rasgos chilenos.

En esos años, los aires de resistencia y libertad ya se respiraban de manera latente. Y las aulas no eran la excepción. Como alumno, Ronald demostraba, especialmente en las asignaturas de filosofía e historia, sus inquietudes por la situación que estaba viviendo el país. En otras clases se aburría o no estaba de acuerdo con la orientación de la enseñanza ni con las ideas de ciertos educadores. Por esta razón muchos docentes calificaban a este alumno como “conflictivo”, sobre todo aquellos profesores partidarios de la dictadura que trabajaban y trabajan allí, algunos cumpliendo siniestras funciones.

Siempre lo divisaba caminando desde la Villa Cuatro Álamos, donde él vivía, yendo por Segunda Transversal para salir a Esquina Blanca y tomar la locomoción colectiva.

En la década de los ochenta, los aires de protesta invadían el país y a Maipú también. El sector de Cuatro Álamos fue emblemático en ese despertar (hoy en día los héroes de ese sector están cansados o viejos).

Desde luego, en ese ambiente participó socialmente Ronald Wood, recibiendo sus influencias. Nunca supe si tenía alguna inclinación política y hacia qué colectividad se sentía cercano. Era un joven con ansias de libertad y tal vez esa fuese su única motivación.

Egresó del Liceo y, pese a los negros augurios de algunos “maestros” del Liceo, rindió su PAA y quedó aceptado en el Instituto Profesional de Santiago, actual UTEM, en la carrera de Contador Auditor.

Entre clases de contabilidad y administración, Ronald no dejó de comprometerse en acciones ciudadanas que buscaban poner fin al régimen dictatorial. Una de ellas fue la Asamblea Parlamentaria Internacional, que concitó a cientos de jóvenes. Reunidos algunos en las inmediaciones de Bellavista, las fuerzas represivas no tardaron en abrir fuego contra la muchedumbre. Resultado de aquello fue la muerte de Ronald Wood, asesinado por disparos de una anónima escopeta antimotines esgrimida por personal uniformado el 20 de mayo de 1986. Hoy en día tendría 38 años.

El próximo 20 de mayo se cumplirían 19 años de su trágica muerte. Pese al tiempo, aún recuerdo  canallescos comentarios cuando se supo de su muerte en el interior del establecimiento. “Ese niñito era muy desordenado”, comentó una docente de idioma que todavía permanece ahí. Intentaba justificar su muerte. Muchos la miramos y nos alejamos de tan simiesco personaje. Qué más se podía esperar: en época de represión, la ignorancia, el miedo y el desprecio por la vida era algo cotidiano.

Su caso está consignado en el Informe Rettig como un acto más de la acción desmedida de agentes del Estado, es decir, violación de los Derechos Humanos.

LO QUE CONSIGNA EL INFORME RETTIG

El día 20 de mayo de 1986 se llevó a cabo una jornada por la democracia en el marco de las manifestaciones colectivas ocurridas ese día en Santiago murió RONALD WILLIAMS WOOD GWIAZDON, 19 años de edad.

En la tarde de ese día, mientras se desarrollaban manifestaciones en apoyo de la Asamblea Parlamentaria Internacional que tenía lugar en un hotel céntrico de Santiago, un grupo de estudiantes se reunió en el Puente Loreto. Efectivos del Ejército, que custodiaban  todo el centro de la ciudad, estaban apostados en el lado sur del puente, impidiendo el paso de los estudiantes.

Testigos presenciales declaran que los militares comenzaron en un momento dado a avanzar por el puente y a disparar al aire con el objeto de dispersar a los jóvenes. Estos permanecieron en el lugar. De pronto cayó herido Ronald Wood, quien fue trasladado por un particular hasta un centro asistencial, falleciendo tres días más tarde a causa de un “traumatismo cráneo encefálico por disparos de arma de fuego”. Peritos consultados indicaron que el disparo había sido efectuado por una escopeta antimotines. Algunos testigos presenciales corroboraron haber visto la escopeta en manos de un uniformado, o haberla escuchado entre los disparos de fusil.

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